El estrés laboral

El estrés laboral es uno de los motivos de consulta más frecuentes en psicología actualmente. Muchas personas pasan la mayor parte de su día trabajando, pensando en el trabajo o recuperándose del trabajo. Por eso, cuando algo no va bien a nivel laboral, no afecta solo a unas horas al día, sino al descanso, al estado de ánimo, a la vida personal y a la salud.

Muchas personas que llegan a consulta no dicen “tengo estrés laboral”. Lo que suelen decir es:

  • “Estoy agotado”
  • “No desconecto nunca”
  • “Estoy irritable y no sé por qué”
  • “Me cuesta dormir”
  • “Siento que no llego a todo”
  • “Los domingos me entra ansiedad pensando en el lunes”

Y poco a poco vamos descubriendo que detrás de todo eso hay un nivel de estrés sostenido en el tiempo.

Cuando el estrés deja de ser algo puntual

Todos podemos tener épocas de más trabajo, más presión o más responsabilidad. El problema no es tener estrés en momentos puntuales, el problema es vivir en estrés constante.

Cuando el estrés se vuelve crónico, el cuerpo y la mente empiezan a dar señales:

  • Cansancio constante, incluso durmiendo
  • Problemas de sueño
  • Dolores de cabeza o tensión muscular
  • Problemas digestivos
  • Irritabilidad
  • Dificultad para concentrarse
  • Sensación de agobio continuo
  • Ansiedad
  • Desmotivación
  • Sensación de estar “quemado”
  • Llanto fácil o sensación de no poder más

Muchas personas intentan aguantar y seguir como si nada, pero el cuerpo suele acabar poniendo un límite. A veces en forma de ansiedad, a veces en forma de insomnio, a veces en forma de bajón emocional o incluso ataques de pánico.

No siempre es la cantidad de trabajo

Algo importante que vemos mucho en terapia es que el estrés laboral no depende solo de trabajar muchas horas. Hay personas que trabajan mucho y no están quemadas, y otras que, trabajando menos horas, están completamente desbordadas.

El estrés laboral suele aparecer cuando se juntan varios factores como:

  • Mucha responsabilidad
  • Poco control sobre lo que haces
  • Sensación de que hagas lo que hagas no es suficiente
  • Presión constante
  • Falta de reconocimiento
  • Mal ambiente laboral
  • Miedo a equivocarte
  • Inestabilidad laboral
  • Dificultad para desconectar
  • Autoexigencia muy alta
  • Dificultad para poner límites
  • Sentir que tu valor depende de tu rendimiento

Muchas veces, el problema no es solo el trabajo, sino la relación que tenemos con el trabajo: la necesidad de hacerlo todo perfecto, el miedo a decepcionar, la dificultad para decir que no, la sensación de que si paramos estamos fallando.

Señales de alerta que conviene no ignorar

Hay algunas señales que conviene tomarse en serio:

  • No puedes desconectar del trabajo ni en tu tiempo libre
  • Te cuesta dormir pensando en el trabajo
  • Estás más irritable con tu pareja, familia o amigos
  • Sientes que ya no disfrutas de nada
  • Todo te cuesta mucho esfuerzo
  • Empiezas a tener ansiedad antes de ir a trabajar
  • Fantaseas constantemente con dejar el trabajo
  • Sientes que no puedes más, pero sigues

Cuando una persona vive así durante meses o años, es muy frecuente que aparezca lo que conocemos como burnout o síndrome de estar quemado.

Qué puedes empezar a hacer para cuidarte

Aunque no siempre podemos cambiar de trabajo de un día para otro, sí podemos empezar a cambiar la forma en la que nos relacionamos con el trabajo. Por ejemplo:

  • Poner límites de horario
  • Aprender a priorizar (no todo es urgente)
  • Hacer pausas aunque sientas que “pierdes el tiempo”
  • Intentar no contestar mensajes de trabajo fuera de horario
  • Volver a tener espacios de descanso real
  • Recuperar actividades que te gustaban
  • Aprender a decir “no”
  • Aprender a delegar
  • Bajar el nivel de autoexigencia
  • Pedir ayuda

Esto último es muy importante, porque muchas personas con estrés laboral sienten que pedir ayuda es fracasar, y en realidad pedir ayuda es una forma de cuidarse y de responsabilizarse de uno mismo.

Ir a terapia no significa que no puedas con tu trabajo

Muchas personas retrasan pedir ayuda porque piensan:

  • “No estoy tan mal”
  • “Es solo una mala época”
  • “Ya se me pasará”
  • “Tengo que poder yo solo”
  • “Si voy al psicólogo es porque no puedo con mi vida”

Pero la terapia no es solo para cuando todo está roto. La terapia también es un espacio para:

  • Entender qué te está pasando
  • Aprender a gestionar la ansiedad
  • Aprender a poner límites
  • Trabajar la autoexigencia
  • Mejorar la autoestima
  • Tomar decisiones importantes
  • Aprender a cuidarte sin sentir culpa

A veces no se trata de dejar el trabajo, sino de dejar de dejarte a ti mismo en último lugar.

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Ana Belén Buzón
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